El cannabis sativa, también conocido como cáñamo sativo, es una variedad botánica perteneciente a las cannabináceas. También se le llama "cáñamo útil" por sus múltiples posibilidades de uso, y debe su nombre a la palabra latina sativus, participio pasado de serĕre "sembrar" y que indica todas las plantas que de hecho son aptas para el cultivo.

No es casualidad, de hecho, que el cannabis sativa sea uno de los cultivos más antiguos conocidos por el hombre: los historiadores estiman que el cultivo del cáñamo sativa se remonta al Neolítico.

La zona de origen del cultivo de cannabis sativa es Asia, en todos los territorios que van desde el oeste de China hasta el norte de la India: en la antigua tradición china, de hecho, el cannabis sativa se consideraba principalmente un alimento valioso en virtud del importante aporte de fibra y de las fuertes propiedades medicinales y curativas.

En la India adquiere incluso una connotación sagrada y religiosa. En Occidente, en cambio, la producción comercial de cáñamo sativa se generalizó en torno a 1700, periodo de notable expansión naval y colonial, cuando surgió la necesidad de producir grandes cantidades de cáñamo con fines textiles, para la fabricación de cuerdas y estopa para cordajes.

Sólo más tarde se descubrieron las peculiaridades que hicieron del cannabis sativa un producto puramente recreativo, gracias a su alto contenido en THC, un compuesto químico con efectos psicoactivos característicos. Descubramos su historia, sus principales características y cómo entender todas las diferencias que distinguen al cannabis sativa de la especie índica.

Qué es el Cannabis sativa

La expresión cannabis sativa identifica a la especie botánica dioica del cáñamo, perteneciente a la familia de las cannabináceas a la que también pertenece el lúpulo, incluido en el orden de las urticales.

Al tratarse de una variedad con un ciclo anual de primavera-verano, se adapta bien al típico clima mediterráneo. La planta es un arbusto erguido y anguloso que puede alcanzar los 7 metros de altura.

Al tratarse de una variedad con un ciclo anual de primavera-verano, se adapta bien al típico clima mediterráneo. La planta es un arbusto erguido y anguloso que puede alcanzar los 7 metros de altura.

Las hojas opuestas están formadas por 7 elementos palmeados-lanceolados, con un borde dentado y un color verde más bien claro. El sistema de raíces, por su parte, puede alcanzar una profundidad de hasta 2 metros, lo que garantiza una mayor resistencia y estabilidad.

Aunque el cannabis sativa es tradicionalmente originario de la India y China, su cultivo en Italia está muy arraigado en el territorio desde hace siglos: de hecho, se estima que sus orígenes se sitúan en torno a los 13.000 años, precisamente en el 11.000 a.C., periodo del que data el primer descubrimiento de polen en Italia, precisamente en el Lazio, cerca del lago Albano.

Introducido en Europa desde Asia central por los chiitas en el siglo IV a.C., durante la época del Imperio Romano, el cannabis sativa se cultivaba principalmente para uso textil, para producir cuerdas y telas, gracias a la gran resistencia de sus fibras. Incluso hoy, el velero Amerigo Vespuccidi, propiedad de la Marina y botado en 1931, sigue teniendo lonas y cuerdas de cáñamo.

Cultivada con fines textiles hasta la Segunda Guerra Mundial, Italia era ya entonces uno de los mayores productores del mundo, sólo superado por Rusia, con la distinción de tener, sin embargo, una mejor calidad de fibra: los cultivos más extensos se concentraban, de hecho, principalmente en Campania y Emilia Romagna.

Hoy en día, el cannabis sativa se cultiva principalmente para usos industriales, en el procesamiento de textiles y en la construcción, pero también con fines terapéuticos y recreativos. Sin embargo, también se utiliza ampliamente en la producción de papel de alta calidad, lo que permite frenar el fenómeno de la deforestación, propio del uso de la celulosa que se encuentra comúnmente en los árboles y capaz de reducir significativamente el impacto ambiental.

Este tipo de cáñamo también produce semillas de considerable valor nutricional y aceite, que también puede utilizarse industrialmente: sin embargo, el uso más antiguo y quizá más controvertido es el médico y terapéutico. El cannabis sativa contiene de hecho cientos de sustancias químicas, de las cuales unas 60 pertenecen a los cannabinoides, los típicos compuestos psicoactivos entre los que aparece el THC.

Sus efectos típicos son bien conocidos: puede aliviar el dolor, favorecer el sueño y el apetito, además de conferir caña y bienestar. Existen cientos de aplicaciones en el ámbito médico: desde el tratamiento del glaucoma hasta la artritis y el reumatismo, pasando por la esclerosis múltiple, el asma, la anorexia, los tumores, el herpes, la micosis y las enfermedades inflamatorias o que afectan al sistema respiratorio.

También hay efectos eufóricos, más o menos marcados según la concentración de tetracannabidiol presente.

Aunque en un principio el uso recreativo fue 'víctima del prohibicionismo', los numerosos beneficios en el ámbito terapéutico han contribuido a despejar sus prejuicios, haciendo que desde 1998 se permita el cultivo de especies con fines agrícolas e industriales, siempre que la variedad no tenga concentraciones de THC superiores al 0,2%.

Características, historia y propiedades del cannabis sativa

El cannabis sativa, o cáñamo indio, como ya se ha dicho, es una planta herbácea anual, originaria de Asia central y occidental, que se cultiva principalmente para uso industrial y textil, pero también y sobre todo por sus conocidas propiedades medicinales psicoactivas. Resistente y particularmente robusta, posee inflorescencias femeninas dotadas de pelos secretores multicelulares en los que está presente la característica resina, que contiene los principales principios activos: cannabinoides, terpenoides y flavonoides.

En general, distinguir si una planta es macho o hembra es importante, y durante la fase de plántula y la fase vegetativa, los ejemplares de cannabis macho y hembra parecen idénticos.

Sin embargo, al comienzo de la fase de floración, las plantas comienzan a revelar su sexo. Durante este tiempo, las flores femeninas producen cogollos pegajosos y ricos en cannabinoides. Mientras que las plantas masculinas desarrollan en cambio sacos llenos de polen.

Los derivados del cannabis sativa destinados a un uso recreativo o terapéutico, adoptan diferentes nombres según la zona de origen y la porción de inflorescencia utilizada: en la India el producto final se llama 'bhang', se fuma puro o mezclado con tabaco, en Arabia y Egipto 'hachís', a menudo consumido con mantequilla y miel, e incluso en México y Estados Unidos simplemente 'marihuana', donde la llamada hierba se fuma tradicionalmente en combinación con tabaco.

En la India, así como en China y en los países árabes, el uso del cannabis sativa con fines terapéuticos y medicinales tiene orígenes antiguos: junto a este uso, sin embargo, aparece el puramente 'voluptuoso', debido a las propiedades embriagadoras y eufóricas propias de la especie.

La 'sustancia estupefaciente', cuando se fuma, produce generalmente una agradable sensación de euforia, bienestar y excitación, a la que, sin embargo, pueden asociarse ciertos efectos secundarios, como alucinaciones, pérdida de la noción del tiempo y del espacio, trastornos de la personalidad que conducen al sueño profundo y, en casos especialmente graves, al coma.

En la medicina antigua el cannabis sativa se utilizaba principalmente por vía tópica como analgésico y antiséptico: más recientemente su aplicación ha evolucionado mediante el uso de tinturas y extractos para uso sistémico con el fin de obtener una acción sedante y tópica como antiséptico y en el tratamiento de quemaduras y quemados.

En las zonas donde predomina un clima templado, el cannabis sativa se cultiva principalmente con fines textiles en la producción de tejidos de cáñamo y la extracción de aceite de secado: esto se debe a que el contenido de principios activos 'droganti' se reduce drásticamente en comparación con el presente en las plantas cultivadas en las zonas tradicionalmente autóctonas.

Sin embargo, el cannabis sativa se distingue por los más de 400 compuestos químicos que conforman sus propiedades: los más importantes son los cannabinoides, responsables directos de los efectos terapéuticos y eufóricos típicos de la especie. A diferencia del cannabis índica, las plantas sativas tienen una concentración de THC mucho mayor, pero ésta puede variar significativamente según la variedad elegida.

En el ámbito terapéutico, los posibles usos del cannabis sativa van desde el tratamiento del dolor crónico, a las náuseas causadas por la quimioterapia, desde la falta de apetito debida a los principales trastornos alimentarios al VIH, hasta el glaucoma, la espasticidad y el temblor asociados a la esclerosis múltiple, pasando por la protección de las neuronas frente a los daños causados por los accidentes cerebrovasculares o las enfermedades degenerativas y, por último, en el tratamiento de los estados convulsivos y psicóticos.

Efectos y beneficios del cannabis sativa

Los efectos derivados de la ingesta de cannabis sativa pueden ser múltiples y, aunque son puramente subjetivos ya que dependen del estado emocional del sujeto, así como de su personalidad, aún pueden variar significativamente en función de la cantidad de sustancia ingerida, así como de la concentración de principios activos presentes en la misma, concretamente THC y CBD.

La euforia y una agradable sensación de paz y bienestar aparecen entre las principales percepciones que siguen a la asunción: secundariamente puede producirse somnolencia, agitación, sequedad de boca, dilatación de las pupilas, así como una percepción diferente del espacio y del tiempo, a menudo acompañada de la presencia de alucinaciones y taquicardia.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas manifestaciones deben considerarse siempre puramente indicativas e irrelevantes si se piensa en la cantidad de beneficios reales que aporta el cannabis sativa y que están documentados científicamente en la actualidad.

Una conocida investigación científica llevada a cabo por las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina ha demostrado ampliamente, de hecho, la eficacia de la marihuana en la reducción del dolor crónico, un campo de aplicación en el que, además, ha obtenido un resultado realmente significativo, y en el que también se ha demostrado una importante correlación entre el uso del propio cannabis y la reducción de los espasmos musculares, gracias a las fuertes propiedades miorrelajantes propias del CBD.

Un estudio publicado en una de las revistas más autorizadas en el ámbito científico, The Lancet, ha demostrado que el cannabis sería capaz de mejorar significativamente el control de los ataques epilépticos, precisamente por la capacidad neuroprotectora propia de esta especie.

Otras investigaciones llevadas a cabo por el Instituto de Investigación Scripps en 2006 y publicadas en el Molecular Pharmaceutics Journal han demostrado que el THC sería capaz de actuar como inhibidor en la contención de las placas seniles y los cúmulos de proteína amiloide que se crean en el cerebro de las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer, y que actúan ralentizando o impidiendo el paso normal de las neuronas y provocando la inflamación de los tejidos.

Especialmente significativa es la eficacia del CBD contra todos los tipos de cáncer, tal y como se desprende de un estudio realizado en 2007 que demostró cómo el cannabidiol sería capaz de suprimir el gen ID-1, principal responsable de la inmortalidad de las células cancerígenas, impidiendo así que el tumor se siga desarrollando.

Otro estudio realizado por la Universidad de Dundee, que ha confirmado el efecto directo del CBD en el control de los receptores CB2 y GPR55, también implicados en la definición de la vida de una célula, demuestra cómo el CBD combinado con el THC sería capaz de contrarrestar el crecimiento de tumores especialmente agresivos, actuando como coadyuvante de la radioterapia.

Numerosos estudios realizados en el Instituto Neurológico del Mediterráneo de Neuromed en colaboración con el Departamento de Medicina de Sistemas de la Universidad Tor Vergata de Roma en 2017, han demostrado también una importante interacción entre los cannabinoides y la dopamina, que afectaría a la modulación de algunos neurotransmisores relacionados. Gracias a la ingesta de cannabis sativa, sería posible modificar esta modulación, atenuando así los temblores en los enfermos de Parkinson.

En un estudio realizado por la Sociedad Americana del Cáncer también se descubrió que el consumo de cannabis sativa ayudaría a reducir los síntomas típicos causados por la quimioterapia, como las náuseas, la pérdida de apetito y los vómitos, mejorando así la vida de los pacientes. También reduciría los mismos efectos, causados por los múltiples tratamientos destinados a frenar los efectos de la hepatitis C, tesis desarrollada por un estudio de 2006 publicado en el European Journal of Gastroenterology and Hepatology.

Los beneficios del cannabis sativa son, por tanto, múltiples, y más allá del placer de su uso puramente recreativo, es sin duda capaz de provocar cambios significativos en el ámbito médico y terapéutico.

Diferencias entre el cannabis indica y sativa

Hay varias diferencias entre el cannabis sativa y el indica, gracias a las cuales, incluso a simple vista, es posible distinguir las especies: el cannabis sativa suele proceder de lugares de cultivo como Tailandia, India, México y Colombia.

El cannabis sativa suele ser originario de lugares como Tailandia, India, México y Colombia, y se diferencia de la especie índica por su estructura y altura características, así como por el tiempo que tarda en alcanzar la madurez en un cultivo al aire libre.

De hecho, las variedades de cannabis sativa tardan más en florecer, pero con la ventaja de tener efectos psicoactivos más pronunciados. Entre las variedades de marihuana sativa más conocidas está la Haze, que tarda unas 12 semanas en florecer por completo, lo que la hace especialmente adecuada tanto para los fumadores diarios como para fines médicos

El cannabis indica, originario de la cordillera Hindyu Kush, situada entre la India, Pakistán y Afganistán, es más adecuado para el cultivo de interior cuando el espacio es escaso, gracias al pequeño tamaño de las plantas, que tienden a desarrollar más ramas que la altura, que se mantiene contenida desde el desarrollo hasta la floración.

El pequeño tamaño de la especie índica la hace especialmente adecuada para la producción de hachís, ya que las propias plantas tienden a centrar su actividad vital en las inflorescencias, que son por tanto más eficaces y ricas en tricomas.

El cannabis indica se diferencia del cannabis sativa en que la cosecha tiene lugar en 6 semanas, lo que da la posibilidad de realizar varias cosechas en un periodo de tiempo relativamente corto.

Las cepas índicas son conocidas por sus característicos efectos relajantes, que se traducen en una mayor proporción de CBD/THC. Y si de hecho el THC puede generar potencialmente estados de ansiedad, las especies híbridas índicas tienen una mayor cantidad de CBD, que de esta manera contribuye a que la marihuana sea útil para fines terapéuticos, generando una experiencia más relajante y placentera.