Sus orígenes se pierden en la noche de los tiempos, pero siempre ha sido uno de los derivados del cannabis más populares y utilizados: hablamos del hachís, una sustancia con probados efectos psicotrópicos, que se extrae de las inflorescencias femeninas del cáñamo (cannabis sativa), concretamente de los tricomas, mediante procesos específicos manuales o alternativamente mecánicos y químicos destinados a extraer la resina característica.

Definido generalmente como 'humo', el hachís, a diferencia de la marihuana, que normalmente adopta la forma de una cima seca, puede adoptar diferentes aspectos en función del proceso de extracción: de hecho, puede caracterizarse por una consistencia semisólida o más o menos pastosa, y por colores que van del amarillo, el marrón al negro o el rojizo, así como por diferentes durezas.

Lo que distingue al hachís, sin embargo, es la alta concentración de THC o tetracannabidiol, la misma que define los efectos psicoactivos característicos de la sustancia, capaces de proporcionar una agradable sensación de euforia y excitación, más o menos marcada según la forma de tomarla.

A diferencia de la marihuana, el hachís no es más que resina en estado puro, un material vegetal que puede contener porcentajes muy elevados de cannabinoides, que suelen rondar el 20/60% frente al 15/21% que suele tener la hierba. Ni que decir tiene que, aunque la acción que proporciona la sustancia será más intensa y acentuada, también puede provocar efectos secundarios desagradables, sobre todo si la ingesta es ocasional o puntual.

En esta guía trataremos todas las peculiaridades del hachís, explicando su historia, cómo se toma, los efectos beneficiosos que puede tener fumarlo, así como los efectos secundarios que puede tener en el organismo.

Qué es el hachís

El hachís es una sustancia narcótica psicotrópica que se obtiene de las inflorescencias femeninas del cannabis, concretamente de los tricomas de los que se extrae esta materia vegetal resinosa.

El hachís es una sustancia narcótica psicotrópica que se obtiene de las inflorescencias femeninas del cannabis, concretamente de los tricomas de los que se extrae esta materia vegetal resinosa.

Conocido por sus característicos efectos psicotrópicos debidos a la alta concentración de THC o tetracannabidiol, el hachís toma su nomenclatura del término árabe ﺣﺸﻴﺶ ḥašīš, 'herba', y cuenta con una tradición milenaria que todavía hoy es bastante nebulosa, ya que se han reunido pocas pruebas sobre su historia más temprana: sin embargo, los historiadores coinciden en que presumiblemente apareció por primera vez en Arabia en el siglo X.

Los primeros registros históricos se remontan al siglo XI, cuando el hachís fue ampliamente debatido por los propios legisladores musulmanes sobre su uso en su cultura.

Desde entonces, el hachís se ha extendido como un reguero de pólvora por todo el mundo árabe y Oriente Medio, gracias a sus propiedades euforizantes y a su capacidad para inducir el sueño y el descanso con mayor facilidad. No hay certeza de que se haya originado en Arabia ni de que se haya introducido desde otras culturas.

Sin embargo, existe documentación que muestra cómo el líder sufí Sheik Haidar consumía habitualmente hachís, apreciando sus efectos psicotrópicos y promoviendo su uso entre sus seguidores, que a su vez introdujeron la sustancia en países vecinos como Egipto e Irak.

El hachís experimentó un espectacular aumento en todo Oriente Medio a partir del siglo XIII, seguido de su amplia difusión a escala mundial. De hecho, fueron las tribus mongolas lideradas por Gengis Khana las que permitieron su circulación, gracias a las numerosas conquistas territoriales que vieron cómo el hachís llegaba hasta Rusia y Asia Central.

La primera monografía dedicada al hachís, 'Zahr al-'arish fi tahrim al-hashish', fue escrita en el mismo periodo. Aunque este documento se ha perdido, describe la rápida difusión del hachís durante el siglo XIII. Sólo con la apertura de las principales rutas comerciales internacionales, el 'humo' se infiltró rápidamente también en Europa, generando las más contrastadas opiniones.

En los siglos siguientes, tanto el colonialismo europeo como el comercio de hachís asiático se entrelazaron, dando lugar a un verdadero mercado mundial, pero fue de hecho la Revolución Industrial en Europa la que condujo a la aparición de técnicas refinadas de tamizado de tricomas, las mismas que permitieron una recolección más fácil de la resina y el consiguiente aumento de la producción de hachís y su distribución mundial.

A principios del siglo XIX, el consumo de hachís siguió extendiéndose por toda Europa, especialmente en Francia y los países de su entorno, donde era especialmente apreciado por las principales figuras culturales y artísticas de la época. Así, en 1843 se fundó en París el 'Club des Hachichins', donde el hachís, aunque se utilizaba principalmente con fines recreativos, despertó el interés de médicos e investigadores que reconocieron sus propiedades medicinales, curativas y terapéuticas a través de numerosos estudios, los mismos que la medicina moderna apoya hoy en día.

Sin embargo, al examinar la historia moderna del hachís, no se puede hacer referencia al mercado actual sin mencionar a Marruecos: esta sustancia llegó allí alrededor de los siglos XIV-XV, adoptada tradicionalmente por los habitantes de la región del Rif, donde el cannabis ha sido el principal cultivo durante generaciones, ampliamente consumido mediante el uso de pipas y utilizado con frecuencia en los rituales religiosos tradicionales. El propio gobierno marroquí autorizó su cultivo hasta mediados de la década de 1960, cuando su difusión alcanzó su punto máximo.

Al mismo tiempo, los 'occidentales alternativos' de Europa y Norteamérica empezaron a visitar Marruecos como destino turístico popular, tomando hachís donde se podía conseguir: esto llevó a un aumento del cultivo de cannabis y la consiguiente producción de hachís, momento en el que el propio gobierno marroquí se comprometió a frenar este negocio, frenando a los cultivadores locales y haciendo que la producción fuera ilegal.

Esta medida resultó ser bastante relativa, ya que Marruecos dominó tanto la producción como la exportación de hachís desde la década de 1980 hasta 2010, cuando fue suplantado por Afganistán.

Aunque los métodos de producción del hachís han cambiado radicalmente a lo largo de los siglos, esta sustancia cuenta con una antigua tradición hecha de luchas y prohibiciones, pero también de investigaciones científicas y de otro tipo destinadas a atestiguar sus múltiples beneficios y a proporcionar un producto de notable calidad y de efectos cada vez más marcados, particularmente apreciados por los usuarios que consideran esta resina un néctar precioso e indispensable para ser consumido de las formas preferidas: a través de porros, vaporizadores, bongs y pipas indistintamente.

Cómo tomar hachís

El más común se caracteriza por el porro o caña, donde el material vegetal se combina con el tabaco y luego se fuma exactamente como si fuera un cigarrillo.

Existen muchas formas de tomar hachís, cada una de las cuales permite disfrutar de los beneficios de esta sustancia, potenciando las propiedades y la acción propias de los cannabinoides. El más común se caracteriza por el porro o caña, donde el material vegetal se combina con el tabaco y luego se fuma exactamente como si fuera un cigarrillo.

Más moderno y vanguardista es el uso del vaporizador, un dispositivo electrónico especial capaz de calentar la resina, manteniendo sus propiedades inalteradas y potenciando su aroma característico. Tradicionalmente, el hachís también se puede fumar utilizando bongs, cilindros y pipas de agua que pueden maximizar rápidamente su potencial y acelerar sus efectos.

Estos métodos tienen orígenes antiguos y a menudo implican el uso de tabaco para mezclar con el 'humo', lo que hace que el sabor sea particularmente fuerte, gracias al proceso de combustión y la posterior inhalación de los humos producidos. Por último, pero no menos importante, el uso de comestibles, en particular preparaciones horneadas y con levadura como pasteles, magdalenas y galletas, por mencionar algunos ejemplos, que permiten ingerir la sustancia.

Sin embargo, hay que recordar que la ingestión retrasa la manifestación de los efectos del hachís, que en este caso aparecen al menos 30 minutos después de la ingestión.

Características, efectos y efectos secundarios del hachís

El hachís es uno de los derivados más potentes del cannabis, que se produce mediante el procesamiento de los tricomas, pequeñas excrecencias situadas en las inflorescencias femeninas del cáñamo, de las que se extrae la resina, que posteriormente se comprime por métodos manuales, químicos o mecánicos.

El hachís es uno de los derivados más potentes del cannabis, que se produce mediante el procesamiento de los tricomas, pequeñas excrecencias situadas en las inflorescencias femeninas del cáñamo, de las que se extrae la resina, que posteriormente se comprime por métodos manuales, químicos o mecánicos.

La característica acción eufórica y psicoactiva, viene dada por la alta concentración de THC o tetracannabidiol, en porcentajes normalmente muy superiores a los de la clásica marihuana seca: esto determina unos efectos más potentes y marcados, así como más prolongados en el tiempo.

Por lo tanto, el hachís tiene una serie de manifestaciones inmediatas y a corto plazo típicas de los cannabinoides, como una agradable sensación de relajación, bienestar y felicidad acompañada de una percepción alterada del tiempo y el espacio. Además, se produce una mejora real de las experiencias emocionales, así como una mayor sociabilidad debido a la reducción del miedo y a la liberación de todo tipo de frenos inhibitorios y conductuales.

Sin embargo, la ingesta de hachís puede tener posibles efectos secundarios como náuseas, vómitos y calambres estomacales, una importante pérdida de coordinación motora, aumento del pulso y de la presión sanguínea, aumento de la frecuencia respiratoria, somnolencia y todavía poca capacidad de decisión, depresión, ansiedad, ataques de pánico y una importante pérdida de control y de la capacidad de tomar decisiones lúcidas.

Aunque estas manifestaciones tienden a desaparecer rápidamente una vez que el efecto de la sustancia ha terminado, el hachís puede potencialmente conducir a múltiples problemas, incluso a largo plazo, debido al uso constante, sistemático e inmoderado, que también tiende a conducir a la adicción.

Por lo tanto, el uso excesivo en individuos predispuestos puede conducir a la reducción de la resistencia a enfermedades comunes como los resfriados, la gripe y la bronquitis.

Puede provocar problemas relacionados con el crecimiento y el desarrollo en los adolescentes, reducir la producción de testosterona caracterizando problemas sexuales evidentes, constituir problemas respiratorios, emocionales y psicológicos incluyendo apatía, falta de motivación y depresión con un mayor riesgo de desarrollar una verdadera psicosis o trastornos obsesivos compulsivos, así como acentuar cualquier cambio en el estado de ánimo y la dificultad para gestionar las emociones y la ira.

Por lo tanto, ¿el hachís puede ser perjudicial? Organizaciones acreditadas, como la Asociación Americana de Psiquiatría, incluyen el hachís y la marihuana entre los principales responsables que pueden promover el desarrollo de una condición conocida como 'trastorno por consumo de cannabis': de hecho, aunque a menudo se cree que ambas sustancias son casi inofensivas, hay testimonios y tesis científicas que confirman lo contrario. El hachís en sí mismo, en particular, puede implicar múltiples riesgos asociados al uso crónico.

Las investigaciones llevadas a cabo por la asociación han demostrado que los adolescentes que consumen habitualmente productos y derivados del cannabis sufren inevitablemente daños cerebrales que también pueden tener un efecto negativo en el aprendizaje y la memoria. Del mismo modo, los consumidores crónicos de cannabis y hachís suelen tener más de un 50% de probabilidades de desarrollar una dependencia del alcohol que los no consumidores.

Los consumidores de hachís suelen experimentar los mismos problemas respiratorios que el humo del tabaco, aunque todavía no se ha confirmado que este material vegetal pueda favorecer el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón. Del mismo modo, cuando las mujeres embarazadas consumen cannabis y productos derivados, existe una probabilidad considerable de que se produzcan problemas en el desarrollo del feto y del recién nacido antes del nacimiento.

El consumo prolongado de productos de cannabis también se ha asociado a una serie de problemas psicológicos, como el desarrollo de psicosis, especialmente en adolescentes. Según la Asociación Americana de Psiquiatría, 1 de cada 3 adolescentes consumidores de cannabis suele tener problemas de ansiedad, depresión y trastorno de estrés postraumático, mientras que el 60% tiene más probabilidades de desarrollar un trastorno por déficit de atención/hiperactividad y trastornos de conducta.

Diferencias entre hachís y marihuana

Las diferencias sustanciales entre el hachís y la marihuana están relacionadas principalmente con la morfología del material vegetal, así como con los efectos de una concentración diferente de THC. La marihuana es la materia vegetal que dan las inflorescencias secas de la planta de cannabis, mientras que el hachís procede del 'kief', es decir, de la resina producida por los tricomas presentes en las sumidades floridas femeninas que han alcanzado la plena madurez.

Se recolecta tamizando las inflorescencias, golpeándolas repetidamente sobre una superficie limpia o, alternativamente, sumergiéndolas en agua helada y extrayendo después la resina a través de tamices, que se compacta en forma de gránulos.

El hachís contiene niveles de THC especialmente altos en comparación con la marihuana, debido a la concentración de principios activos presentes de forma natural en los tricomas, que son 'puros' sin ningún tipo de compromiso. Aunque las concentraciones de THC pueden variar, la marihuana suele tener una concentración de tetracannabidiol de alrededor del 10-20%, niveles que en el hachís pueden estar entre el 20 y el 60%.

Esto significa que se necesita mucho menos hachís para lograr efectos psicoactivos particularmente fuertes que en el caso de la marihuana sola. Por lo tanto, es mejor tomar hachís en cantidades moderadas para evitar los efectos secundarios, que pueden ser considerables.

Cómo saber si el hachís es bueno

A menudo no es fácil reconocer el hachís de buena calidad, pero hay algunas pequeñas cosas que puedes hacer para ayudarte a entender el tipo de producto de cannabis que vas a consumir.

Por lo general, el hachís tiende a disolverse a una temperatura de unos 20°C, pasando así de un estado sólido a uno semisólido: para comprobar la calidad del producto basta con sostener el trozo de humo en las manos. Cuanto mayor sea la concentración de resina, menos tiempo tardará en ablandarse. El color también es un buen indicador de la calidad. Si se sostiene el hachís en las manos durante unos minutos, normalmente el hachís de buena calidad sólo debería oscurecerse ligeramente.

Otra técnica útil es encender un pequeño trozo de hachís que, si es de buena calidad, debería mostrar pequeñas burbujas pero no prender fuego: de lo contrario, puede tratarse de un segundo o tercer hachís y, por tanto, de mala calidad. También es importante prestar atención a la velocidad con la que el hachís se quema durante el consumo: esto depende de la densidad, es decir, de la proporción de resina y materia vegetal.

El hachís puro se quema lentamente y no deja ningún tipo de residuo. Sin embargo, comprobar el color de la ceniza puede ser otro indicador de su calidad: cuanto más blanca parezca, menos probable es que el humo haya sido cortado.

Sin embargo, es la experiencia del usuario la que determina si el hachís es de buena calidad o no: esto se adivina fácilmente por el sabor, que nunca debe presentar regustos desagradables o ahumados, sino que sólo resalta el sabor intenso y herbáceo típico de la resina. Si el humo es intenso, con cuerpo y agradable, no hay prueba más eficaz de los altos estándares de calidad del producto.

Tipos de hachís

Hay muchos tipos diferentes de hachís disponibles y producidos hoy en día, cada uno de los cuales tiene diferentes características y olores, además de tener una concentración de THC diferente que puede variar los efectos considerablemente.

Afgano

Originario de Afganistán, el afgano es de color oscuro, predominantemente negro en el exterior y verdoso o marrón oscuro en el interior. Tiene un olor especialmente picante, característica que también se refleja en su sabor, aromático y persistente en la garganta. Con su típica consistencia blanda y elástica, se puede procesar fácilmente. Produce un efecto casi narcótico, siendo especialmente potente gracias al contenido medio de THC, que ronda el 1,7% y el 6,5%.

Kashimiri

La cachemira se produce en la región de Cachemira con el método manual tradicional. La cachemira también es negra por fuera y marrón verdosa por dentro. Tiene un olor especialmente picante y aromático y un sabor fuerte y agradable que resulta suave en la garganta.

Tiene una consistencia plástica, aunque es más dura que la afgana, tanto que se incluyen aceites para hacerla más maleable. Los efectos son especialmente potentes, gracias al alto nivel de THC, entre el 10 y el 12%.

Líbano

El libanés puede ser rojo o amarillo según la madurez de las inflorescencias de las que se obtiene. Destaca por su olor especialmente picante, aromático, especiado y refrescante, que da lugar a un sabor picante, intenso y especialmente fuerte en la garganta. La consistencia es más bien blanda, pero no especialmente elástica, y el nivel de THC presente puede variar del 1 al 18%, con la consiguiente heterogeneidad de los efectos que se esperan del supuesto.

Charas

El charas es uno de los tipos de hachís más raros y populares. Tiene un olor muy picante y un aroma característico con un sabor dulce y aromático.

El charas es uno de los tipos de hachís más raros y populares. Tiene un olor muy picante y un aroma característico con un sabor dulce y aromático. La consistencia es tan delicada que se puede mezclar fácilmente.

Su efecto es cerebral y bastante potente, con una concentración de THC que puede variar del 10 al 26% cuando está fresca.


Manali

El manali, originario de las regiones de la India y el Himalaya, se produce a mano frotando los brotes femeninos. De color negro en el exterior, verde/marrón en el interior, tiene un olor particularmente dulzón similar al de la hierba y un sabor agradable, aunque fuerte y persistente, menos dulce que el olor.

La consistencia es blanda si es fresca, compacta si es envejecida. Los efectos que produce el supuesto son principalmente físicos y potentes a pesar del frescor característico. En Europa la disponibilidad es más bien escasa.

Marroquí

La marroquí tiene un color marrón verdoso, debido al periodo relativamente corto de maduración de las inflorescencias. El olor es intenso y aromático, picante y no muy especiado, con un sabor delicado y agradable. El subidón es principalmente cerebral y activo, mientras que la potencia es reducida en comparación con otras cepas debido a la baja concentración de THC, que puede variar del 0,9 al 10%.

Nepalesa

El nepalí, originario de Nepal, tiene un aspecto principalmente negro por fuera y oscuro y marrón por dentro. El aroma es muy picante, pesado aunque dulce. Especialmente fragante, se define por un sabor muy aromático y dulce, delicadamente persistente en la garganta.

La consistencia suele ser más dura que la afgana, aunque es lo suficientemente plástica como para mezclarse fácilmente. El subidón suele ser principalmente físico y pesado, gracias a la concentración de THC del 11% al 15%.

Holandés

Producido principalmente en los Países Bajos, el holandés es de color verdoso, aunque puede variar en función de la calidad de la hierba utilizada en la producción. El olor recuerda a la marihuana o al skunk y la consistencia es peculiar, sólida pero a menudo harinosa. El subidón suele ser activo y cerebral, por lo que es extremadamente potente, con una concentración de THC que puede alcanzar el 59%. La disponibilidad en Europa es particularmente rara.

Pakistán

El pakistaní es negro por fuera y verde/marrón por dentro, como el afgano. El olor es proverbialmente picante y aromático, el sabor intenso y seco en la garganta. La consistencia es maleable y más bien blanda, fácil de trabajar. Los efectos son narcóticos y predominantemente físicos y, en este caso, la concentración de THC varía entre el 2,4% y el 15% cuando está fresca y no envejecida.

Turco

El turco es de color verdoso/marrón, con un aroma picante y agrio y un sabor suave y bastante dulce en la garganta. Una vez prensada, su textura es especialmente correosa. Los efectos son muy cerebrales aunque nunca es especialmente potente, a pesar del clásico afgano, cuyas peculiaridades tiende a conservar.

Primero

Primero es un tipo de hachís muy valioso procedente de Marruecos que se vende principalmente en España y los Países Bajos. Cuando se calienta y se desmenuza tiene una característica particular: tiende a aumentar de volumen. Tiene una concentración muy alta de THC y, como su nombre indica, es el producto de la primera batida sin ningún tipo de tratamiento o corte.

Cómo hacer hachís en casa

El hachís se prepara separando los tricomas de las inflorescencias secas del cannabis. Los tricomas se acumulan en forma de un polvo fino llamado kief, que luego se prensa y se calienta en pequeños panes. Hay muchos métodos que se pueden utilizar en la preparación de hachís en la comodidad de su propia casa. La más sencilla es el frotamiento manual, que no requiere ningún tipo de equipamiento.

Lo que se necesita aquí son las inflorescencias sin secar, que simplemente hay que hacer rodar entre las manos cuidadosamente lavadas de forma ligera, repetida y suave. Este proceso permite depositar una pátina de resina en las palmas, que se retira y luego se comprime en pequeños 'salamis'.

El tamizado en seco es uno de los métodos más populares: consiste en tamizar los residuos mediante un tamiz o un telar de punto muy fino, hasta obtener un kief especialmente fuerte, para prensarlo después, obteniendo así pequeños panes. La producción de hachís con una batidora, un electrodoméstico habitual en las cocinas, es algo más complicada.

En este caso hay que poner los residuos de cannabis en la batidora junto con agua helada hasta obtener una mezcla espesa y espumosa que se tamiza y se pone en un tarro de cristal durante una media hora. Después de este tiempo habrá una pequeña cantidad de sedimento en el fondo del frasco, el mismo sedimento que formará el hachís.

En este punto se deben retirar unos 2/3 del agua lentamente y con cuidado para no dispersar el producto, y luego se debe volver a llenar el frasco con agua helada, repitiendo la misma operación al menos 3 o 4 veces para obtener una buena cantidad de producto terminado.

También es posible hacer hachís utilizando bolsas Ice-O-Lator, que es un método relativamente reciente pero que requiere el uso de un equipo específico. Esta práctica se basa, una vez más, en el principio de la decantación de los residuos de cannabis en agua helada, que se filtra repetidamente para obtener hachís del depósito, que luego debe secarse y convertirse en hachís.

Es relativamente sencillo utilizar un extractor eléctrico, un aparato profesional que, por percusión de los residuos de cannabis bajo la fuerza centrífuga, deposita el kief en la superficie de un cilindro, del que luego se extrae y se comprime manualmente hasta obtener un hachís listo para su uso.

Por último, el uso del hielo seco también puede garantizar un rendimiento razonable en cuanto a la cantidad de hachís producida en casa, simulando el proceso de tamizado en seco salvo por el uso de dióxido de carbono en forma sólida que, dada la baja temperatura, favorece el desprendimiento de la resina de los tricomas, haciendo que la cosecha sea sencilla y bastante satisfactoria. Todo ello se concluye compactando el material obtenido en pequeñas bolas o tortas.