Cuando hablamos de cáñamo industrial, nos referimos a la llamada marihuana legal y despotenciada, ya que tiene un contenido reducido de THC, un principio activo característico con acción psicotrópica y psicoactiva, que siempre se ha asociado al colocón.

Este tipo de cáñamo desempeña un papel importante en muchos sectores industriales, gracias a la resistencia de su fibra y a la capacidad de utilizar con éxito sus derivados para diversos fines, como la producción de fibras textiles, papel, material plástico biodegradable. Y de nuevo, se utiliza como material de construcción hasta los combustibles.

Además, la materia prima más valiosa se convierte en protagonista en el sector cosmético y alimentario, en virtud de las peculiares características de las semillas y del aceite, capaces de garantizar importantes beneficios tanto para la piel como para todo el organismo.

De acuerdo con las disposiciones aprobadas por la Unión Europea, todas las variedades de marihuana certificadas deben tener una concentración de THC o tetracannabidiol inferior al 0,2% en todo momento, con un límite máximo del 0,6%.

En caso de que se supere este margen de tolerancia, el cultivo sería inevitablemente confiscado, imponiéndose fuertes sanciones al cultivador, a menos que presente todas las certificaciones relativas a las semillas utilizadas y la correspondiente factura de compra.

Para qué se utiliza el cáñamo industrial

En los últimos años, el cultivo del cáñamo industrial ha despegado gracias a la utilización de las variedades previstas, en la producción de CBD o cannabidiol, un principio activo que, a diferencia del THC, no presenta una acción psicoactiva sino simplemente relajante y calmante: a diferencia del proverbialmente conocido cannabis, las variedades despotenciadas de cáñamo industrial presentan niveles marginales de THC pero al mismo tiempo concentraciones considerables de CBD.

En los últimos años, el cultivo del cáñamo industrial ha despegado gracias a la utilización de las variedades previstas, en la producción de CBD o cannabidiol, un principio activo que, a diferencia del THC, no presenta una acción psicoactiva sino simplemente relajante y calmante: a diferencia del proverbialmente conocido cannabis, las variedades despotenciadas de cáñamo industrial presentan niveles marginales de THC pero al mismo tiempo concentraciones considerables de CBD.

Hoy en día son muchos los consumidores habituales que prefieren la acción beneficiosa del CBD o cannabidiol a los efectos psicotrópicos característicos del THC, y por esta razón el cáñamo industrial permite obtener una materia prima de alta calidad para producir derivados del cannabis basados en el CBD, como el aceite de CBD, la mantequilla, los productos horneados y los comestibles en general, mediante procesos de fabricación específicos.

El cáñamo industrial también se utiliza ampliamente en la producción de fibras textiles, que son resistentes y sostenibles, y en la producción de papel, ya que la fibra de cáñamo, a pesar de la madera, contiene una mayor cantidad de celulosa, capaz de reducir significativamente el uso de agentes químicos utilizados en todo el proceso de producción.

No menos importante es la importancia que ha asumido también en el sector de la alimentación, donde las semillas de marihuana parecen ser ampliamente apreciadas por sus propiedades organolépticas y valores nutricionales y son consideradas un auténtico superalimento a la altura de los suplementos y complementos alimenticios comunes.

Al mismo tiempo, pueden utilizarse en la producción de aceites vegetales como el aceite de CBD y la leche, constituyendo también una alternativa válida para la alimentación de las mascotas.

El cáñamo industrial también puede utilizarse en la producción de plásticos biodegradables y de combustible, donde el aceite de cannabis puede utilizarse para fabricar biodiésel: las plantas pueden fermentarse para producir metanol y etanol.

También se puede procesar para obtener diferentes materiales de construcción comúnmente utilizados para el aislamiento térmico, e incluso para fabricar tableros de fibra y aglomerado, hasta una alternativa más duradera, sostenible, ecológica y ligera que el cemento: los llamados "ladrillos de cáñamo".

No menos importante es el lugar que ocupa el cáñamo industrial en el sector cosmético, donde la planta, rica en sustancias beneficiosas para la piel como ácidos esenciales, antioxidantes y vitaminas, es muy apreciada en la producción de cremas, geles, lociones y bálsamos.

En particular, las cremas con un alto contenido de CBD legal son particularmente efectivas en el tratamiento de condiciones clínicas particulares como eczema, artritis, erupciones, inflamación o irritación.

No menos importante es la acción depuradora del cáñamo, a menudo llamado "cultivo barredor", ya que es capaz de mejorar significativamente la calidad del agua y del suelo: este cultivo ayuda, de hecho, a depurar las aguas residuales, así como a limitar la presencia de fósforo en el suelo, lo que permite a los agricultores reducir el uso de pesticidas químicos, prefiriendo los métodos orgánicos y naturales.

Cómo convertirse en agricultor de cáñamo industrial: ¿cuánto se gana?

Convertirse en cultivador de cáñamo industrial es, de hecho, relativamente sencillo: sin embargo, la condición esencial es disponer de una parcela suficientemente grande donde se pueda cultivar.

Sin embargo, el cultivador debe ocuparse de guardar adecuadamente las etiquetas y certificaciones relacionadas con las propias semillas y su prueba de compra.

¿Qué rentabilidad tiene el sector? Teniendo en cuenta lo que suelen ser los costes atribuibles a una hectárea cultivada con cáñamo industrial, todo se sitúa aproximadamente entre 900 y 1000 euros. Los ingresos obtenidos posteriormente por la venta de la materia prima pueden alcanzar una media de 2.400 euros. Esto significa que el agricultor, por cada hectárea de tierra cultivada con cáñamo industrial, puede obtener un margen bruto de unos 1400 euros.

Sin embargo, aunque estos resultados están al alcance de cualquier agricultor, conviene precisar que puede haber diferencias significativas entre una explotación agrícola y otra, todo ello determinado por variables que pueden tener un impacto importante: la preparación y la calidad del suelo, las variedades elegidas, la eficacia de la maquinaria agrícola, el clima, así como la remuneración prevista para los empleados, son sólo algunos ejemplos.

Cómo cultivar cáñamo industrial

Cultivar el cáñamo industrial es relativamente sencillo: sin embargo, es importante seleccionar preferentemente genéticas femeninas y sin semillas, ya que las plantas de cannabis pertenecen a especies dioicas. No hay condiciones particulares en cuanto a la elección de las variedades, aunque sigue siendo condición indispensable que figuren entre las catalogadas en el Registro Europeo de Semillas de Cáñamo.

El cáñamo destinado principalmente a la producción de CBD requiere una gran cantidad de suelo: por lo tanto, es esencial que cada planta disponga de espacio suficiente, tanto en altura como en profundidad, para que las raíces puedan sobrevivir fácilmente incluso en períodos de especial sequía o de ausencia parcial de agua. Al mismo tiempo, es necesario mejorar la calidad del suelo con fertilizantes nutricionales, aplicados periódicamente al mismo.

Evidentemente, es necesario prestar especial atención a la preparación de su suelo para el cultivo del cáñamo industrial, arándolo en profundidad durante al menos 30 o 40 centímetros, procurando que el pH del suelo sea ligeramente ácido.

El cultivo de cáñamo industrial al aire libre requiere unos 120 días para alcanzar la floración, lo que permite obtener una cosecha hasta 4 veces mayor si se compara con los cultivos tradicionales: es necesario cosechar las inflorescencias una vez que se vuelven compactas y lo más ricas posible en resina de cannabis y tricomas.

La materia prima obtenida de la recolección puede ser especialmente rentable, pero hay que tener cuidado durante el cultivo, dedicando a cada planta todos los cuidados necesarios para mantenerla en las mejores condiciones.

Por ello, la recolección y la limpieza de las hojas deben realizarse manualmente y con extrema delicadeza para no comprometer el valor de mercado de la materia prima. Para entonces evitar incurrir en críticas desagradables en caso de controles sobre el cultivo, es fundamental conservar el recibo de compra relativo a las semillas durante al menos 12 meses.

Esto exime al cultivador de cualquier responsabilidad, si en caso de cualquier control, el porcentaje de THC es superior al límite impuesto por la legislación europea.

Cáñamo industrial y CBD

En el cáñamo industrial, el CBD es uno de los ingredientes activos que, junto con el THC, son característicos del cannabis. Sin embargo, a diferencia del tetracannabidiol, el CBD no tiene ningún efecto psicoactivo o psicotrópico, ya que tiende a unirse muy débilmente a los receptores cannabinoides CB1 del cerebro y del sistema nervioso central y no afecta a sus actividades habituales.

Por lo tanto, en el cannabis sativa el CBD no puede tener ningún efecto sobre los procesos fisiológicos relativos y naturales, entrando en acción sólo como consecuencia de un estímulo o sensación de dolor especialmente intenso y persistente.

Cáñamo industrial y THC

También en el cáñamo industrial el THC es el principio activo del cannabis, capaz de unirse de forma estable a los receptores CB1, produciendo así los característicos efectos psicotrópicos ampliamente reconocidos. Precisamente por ello, el cultivo es legal sólo en lo que se refiere a las variedades de marihuana despotenciada que presentan una concentración siempre inferior al 0,3% de thc, con un margen máximo atestiguado del 0,6%, para no ser ilegal.

El THC o el tetracannabidiol, dependiendo de las concentraciones que contenga el cannabis, pueden provocar alteraciones en el comportamiento, la percepción y el estado de ánimo, aumentando significativamente el apetito e induciendo los llamados "munchies" y afectando también significativamente a la memoria y al dolor.

El cáñamo industrial en España: ¿dónde estamos?

En España, el Real Decreto 1729/1999, de 12 de noviembre, autorizó el cultivo de 25 variedades de cáñamo industrial.

En España, el Real Decreto 1729/1999, de 12 de noviembre, autorizó el cultivo de 25 variedades de cáñamo industrial.

El decreto también establece las condiciones para la concesión de subvenciones a los cultivos destinados a la producción de fibras.

Para que el cultivo de cáñamo sea legal en España, las semillas deben estar certificadas por la Unión Europea.

Esto ha propiciado la aparición de numerosas actividades en España, entre las que se encuentran los grow shops y las tiendas de semillas especializadas en la venta de productos con contenido de CBD, desde inflorescencias de marihuana seca legal hasta aceite de CBD, pero también infusiones a base de CBD.

De gran importancia es la Directiva Europea n° 53 de 13 de junio de 2002, que apoya la legislación española, en cuanto a las variedades de especies vegetales agrícolas, para el cultivo del cáñamo, la producción de alimentos, cosméticos y materias primas biodegradables, con el fin de reducir el impacto ambiental y para el rebrote económico.

Es obligatorio cumplir con ciertas obligaciones y parámetros, y no se requiere ninguna autorización especial.

Además, las variedades de cáñamo sativa cultivadas, deben respetar los parámetros establecidos por las directivas europeas. Estos límites impuestos también se deben a los efectos psicotrópicos del THC.

Además, quienes cultivan cannabis están obligados a conservar las etiquetas de las semillas adquiridas y las facturas de compra. Estos como prueba del uso de las variedades permitidas por la Unión Europea y por lo tanto las semillas de cáñamo legales incluidas en el catálogo europeo.